Conclusión Jueves, Feb 5 2009 

Como conclusión, Shakespeare ha sido, es y será uno de los grandes escritores, no sólo en lengua inglesa. Sus obras son grandiosas, y con una gran trama. Todas sus obras son el reflejo de la situación tanto política y social como religiosa.

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Referencia bibliográfica de Macbeth Jueves, Feb 5 2009 

SHAKESPEARE, William. Macbeth. Penguin Books. The U.K. 1994. 123p. ISBN: 978-0-14062-347-5.

Referencia bibliografica de Hamlet Jueves, Feb 5 2009 

SHAKESPEARE, William. Hamlet. Ediciones Cátedra. Madrid: Fuenlabrada. 1992, 2003. 719p. ISBN: 84-376-1097-4.

The Globe Theatre de Shakespeare Jueves, Feb 5 2009 

El teatro The Globe (El Globo) fue construido en 1599 por Peter Streete; se encontraba a orillas del río Támesis en las afueras de la ciudad de Londres; se cree que era un polígono de aproximadamente 30 metros de diámetro (medida aproximada que compartía con el resto de los teatros de la época) este tamaño permitía el ingreso de un total de 3350 espectadores, a pesar de ello no se puede saber si el teatro brindó alguna función con su capacidad colmada.

El escenario era un rectángulo que sobresalía de la circunferencia de la construcción e invadía el sector del proscenio, medía aproximadamente 13 metros de ancho por 8 metros de profundidad y un metro y medio de altura.

Tenía dos trampillas a través de donde se llegaba al escenario por la parte inferior del mismo, la primera se encontraba en el sector anterior y la otra en el posterior. La parte de abajo del escenario era conocida como el infierno y por allí aparecían y desaparecían personajes sobrenaturales (demoníacos) tales como el fantasma de Hamlet.

Las columnas que se encontraban sobre el escenario sostenían el techo en donde se encontraba otra trampilla desde la cual colgaban personajes divinos provenientes del cielo; probablemente estos fueran sostenidos con las cuerdas y/o arneses que se pudieran conseguir en la época.

El escenario del teatroLas tres puertas que daban al escenario conducían al detrás de escena en donde esperaban su entrada los actores y por donde salían los personajes heridos que morían fuera de escena, estos luego eran conducidos a la altura de alguna de las puertas para que la audiencia pudiera verlos, sin la necesidad de que ingresaran nuevamente al escenario, y así comprender que habían sido muertos realmente.

Encima de estas puertas se encontraba un balcón que era utilizado cuando se necesitaba un espacio superior para desarrollar la acción; una de sus más famosas utilizaciones fue en la ya conocida escena de Romeo y Julieta.

Para la construcción de este teatro se utilizó material del desmantelado The Theatre. Cuando en 1597 expiró la licencia de ese teatro (el primero de la época isabelina) su dueño, James Burbage, debió mudarlo del otro lado del río Támesis cambiándole el nombre.

Al igual que la mayoría de los teatros de la época (a excepción del Blackfriars que estaba cubierto) el The Globe era una construcción sin techo para la parte del proscenio, lo cual impedía las presentaciones los días lluviosos, por esta razón, y a causa del frío del invierno, el teatro solo funcionaba durante el verano (de Mayo a Octubre) mientras durara la luz del día. Las presentaciones se llevaban a cabo durante los fines de semana, comenzaban después del almuerzo, aproximadamente a las dos de la tarde (se almorzaba alrededor de las once, doce) y se extendían hasta antes del anochecer; esto se hacía así por razones obvias de falta de iluminación. Las localidades costaban desde 1 penique en el proscenio (donde estaban de pie) hasta 6 para la platea.

Este teatro sirvió de acogimiento a la compañía teatral Lord Chamberlain’s Men en la cual participara el famoso dramaturgo William Shakespeare; este recinto tuvo el honor de ser cuna de obras tales como El rey Lear, Julio César, Macbeth, Hamlet, Otelo, etc.

El teatro por dentroEn 1613 un incendio destruyó las instalaciones del teatro, sin embargo fue inmediatamente reconstruido en 1614 y demolido en 1644 bajo las sombras del renacido puritanismo inglés que condenaba las presentaciones teatrales de la época isabelina.

En el año 1997 el teatro volvió a abrir sus puertas bajo el nombre de Shakespeare’s Globe Theatre respetando las formas de la antigua construcción. El recinto se encuentra a unos 200 metros del sitio en donde abrió sus puertas por primera vez. Al igual que el original solo se exponen obras teatrales durante la estación del verano, pero a diferencia de ese, solo tiene capacidad para unas 1500 personas.

the globe theatre

the globe theatre

Shakespeare en el mundo Hispánico Jueves, Feb 5 2009 

En lo que concierne a su influencia sobre otras culturas, y la hispana en concreto, Shakespeare fue siempre una caudalosa fuente de inspiración para escritores modernos y contemporáneos, pero no llegó a dejarse notar verdaderamente hasta el siglo XIX. En Hispanoamérica autores como Rubén Darío y en particular el ensayista José Enrique Rodó leyeron con especial interés La tempestad. Rodó, por ejemplo, articuló en su conocido ensayo Ariel (1900) toda una interpretación de América sobre los mitos de dos de sus personajes principales, Ariel y Calibán.

Pero su coronación como autor de la Literatura universal debió esperar en España hasta fines del siglo XVIII, cuando Voltaire suscitó entre los ilustrados españoles cierta curiosidad por el autor inglés a través de lo que dijo de él en sus Cartas inglesas; Ramón de la Cruz tradujo el Hamleto en 1772 desde la reducción en francés de Jean-François Ducis (1733-1816) , quien había adaptado traducciones francesas de las tragedias de Shakespeare al verso sin saber inglés según los gustos del Neoclasicismo y eliminando el final violento, entre otros retoques. Esta traducción, sin embargo, no llegó a publicarse. Por el contrario Leandro Fernández de Moratín sí llegó a imprimir la suya, también desde la mala versión francesa de Ducis, acumulando a las de su modelo otras deficiencias (Madrid: Villalpando, 1798 ) .

Hubo otras versiones de obras sueltas (Otelo, 1802, traducción de Teodoro de la Calle desde la versión francesa de Ducis; Macbé ó Los Remordimientos, 1818 , por Manuel García, también desde la versión francesa de Ducis), pero solamente se emprendieron esfuerzos globales de traducción de toda la obra del autor en la segunda mitad del siglo XIX, empresas sin duda espoleadas por el prestigio que había alcanzado el autor con los elogios sin tasa que le prodigó el Romanticismo alemán.

1872 fue un año fundamental en la recepción española de Shakespeare. Se editan las primeras traducciones directas desde el inglés: Obras de William Shakspeare trad. fielmente del… inglés con presencia de las primeras ediciones y de los textos dados á luz por los más célebres comentadores del inmortal poeta, Madrid, 1872-1877 (Imp. Manuel Minuesa, R. Berenguuillo). La traducción es de Matías de Velasco y Rojas, Marqués de Dos Hermanas, pero no pasó de tres volúmenes; el segundo y el tercero se imprimieron en 1872, el primero con sus poemas y sonetos, el segundo con El Mercader de Venecia y el tercero con Julieta y Romeo.

Entre 1872 y 1876 Jaime Clark tradujo Romeo y Julieta; Hamlet; Otelo; Rey Lear; El mercader de Venecia; Como gustéis; Noche de Reyes y La tempestad. En 1873 William Macpherson editó su traducción de 23 obras.

Por otra parte, de 1872 a 1912 , menudearon las representaciones de sus obras en Madrid; Shakespeare aparece incluso como personaje en Un drama nuevo de Manuel Tamayo y Baus. Del mismo modo, la crítica española emprendió por primera vez el estudio en profundidad de Shakespeare; fueron los primeros el gaditano Eduardo Benot (1885 ) y especialmente Eduardo Juliá Martínez (1918 ) , quien aprovechó la fecha de centenario para divulgar la figura de Shakespeare con una especie de biografía novelada que, bajo el título Shakespeare y su tiempo: historia y fantasía (1916 ) , pretendía exponer “verdades entre las apariencias del entretenimiento” (p. xii). La obra está bien documentada, como reflejan la caudalosa anotación y los apéndices finales (281–331 ) , que son con mucho lo más sustancioso de la obra; tras esto escribió Juliá su interesante Shakespeare en España (1918 ) , que sirvió de base a la obra homónima de Alfonso Par. Éste tradujo, entre otras piezas dramáticas, King Lear al catalán y al castellano. En 1916 , coincidiendo con el tercer centenario de la muerte del dramaturgo, escribió en catalán Vida de Guillem Shakespeare, que apareció en castellano en 1930 , y en este mismo año Contribución a la bibliografía española de Shakespeare; su dedicación se verá coronada con dos obras colosales, una publicada en 1935 , Shakespeare en la literatura española, en dos volúmenes, y otra al año siguiente, la póstuma Representaciones shakespearianas en España, también en dos volúmenes. También hay que señalar aquí a otro estudioso español de Shakespeare, Ricardo Ruppert y Ujaravi (1920 ) , al escritor del Realismo Juan Valera y a miembros de la Generación del 98 cuales Miguel de Unamuno y Valle-Inclán, que dedicaron algunos ensayos al Cisne del Avon.

Entre las traducciones, sobresalen las obras completas en ocho volúmenes del ya citado William Macpherson (1885-1900 ) , con un detallado estudio introductorio del citado Eduardo Benot. También ocupan un lugar privilegiado las Obras completas de Shakespeare de Rafael Martínez Lafuente, emprendidas hacia 1900, que recogen en su prólogo fragmentos de los ensayos de Víctor Hugo sobre la vida y obra del dramaturgo. Ya por completo íntegra, incluyendo obras atribuidas, es la traducción de Luis Astrana Marín en prosa, entre 1920 y 1930, que fue muy leída por Federico García Lorca; compuso además Astrana una biografía que reeditó ampliada y realizó un estudio de conjunto sobre su obra que puso como introducción a u monumental edición. Son asimismo dignas de mencionarse las traducciones y adaptaciones llevadas a cabo por los simbolistas Antonio Ferrer y Robert (Macbeth, 1906 ) ; La fierecilla domada por Manuel Matoses (1895 ) ; Noche de Epifanía (1898 ) y El Rey Lear (1911 ) por Jacinto Benavente; Romeo y Julieta (1918 ) y Hamlet (1918 ) por Gregorio Martínez Sierra. Una apreciable cifra de estudios y traducciones utilizados y acumulados por Macpherson y Rafael Martínez Lafuente pueden asimismo encontrarse en la Biblioteca del Ateneo de Madrid.

Entre las traducciones modernas, fuera de la famosa y ya citada de Luis Astrana Marín en prosa, hay que señalar las excelentes Obras completas de José María Valverde (Barcelona: Planeta, 1967 ) , también en prosa, y las ediciones bilingües con versión española en verso blanco realizadas por el Instituto Shakespeare de Valencia, consagrado por entero a este empeño desde 1980 bajo la dirección de Manuel Ángel Conejero y Jenaro Talens. Notables son también las versiones realizadas de algunas obras por el más importante de los trágicos españoles de la segunda mitad del siglo XX, Antonio Buero Vallejo. El último esfuerzo se debe sin embargo a Ángel Luis Pujante, que ha emprendido una nueva traducción de sus obras completas para la madrileña editorial Espasa-Calpe desde 1986.

Religión Jueves, Feb 5 2009 

En 1559, cinco años antes del nacimiento de Shakespeare, durante el reinado de Isabel I, la Iglesia de Inglaterra se separó definitivamente, tras un período de incertidumbre, de la Iglesia Católica. Por esa razón, los católicos ingleses fueron presionados para convertirse al anglicanismo, y se establecieron leyes para perseguir a los que rehusaban convertirse. Algunos historiadores sostienen que durante la época de Shakespeare existió una oposición importante y muy extendida a la imposición de la nueva fe. Algunos críticos, apoyándose en evidencias tanto históricas como literarias, han argumentado que Shakespeare era uno de estos opositores, si bien no han conseguido demostrarlo fehacientemente. Lo cierto es que Shakespeare se encontró más cómodo bajo el reinado del supersticioso y filocatólico Jacobo I que bajo el de Isabel I.

Hay indicios de que algunos miembros de la familia del dramaturgo fueron católicos. El más importante es un folleto firmado por John Shakespeare, padre del poeta, en el que, supuestamente, éste hacía profesión de fe de su secreto catolicismo. El texto, hallado en el interior de una de las vigas de la casa natal de Shakespeare en el siglo XVIII, fue analizado por un destacado estudioso, Edmond Malone. Sin embargo, se ha perdido, por lo que no puede demostrarse su autenticidad. John Shakespeare figuraba también entre los que no asistían a los servicios eclesiásticos, pero supuestamente esto fue “por temor a ser procesado por deudas”, según los comisionados, y no por no aceptar la religión anglicana.

La madre de Shakespeare, Mary Arden, pertenecía a una conocida familia católica de Warwickshire. En 1606, su hija Susannah fue una de las pocas mujeres residentes en Stratford que rehusaron tomar la comunión, lo que podría sugerir ciertas simpatías por el catolicismo. El archidiácono Richard Davies, un clérigo anglicano del siglo XVIII, escribió supuestamente de Shakespeare: “Murió como un papista”. Además, cuatro de cada seis maestros de la escuela de Stratford a la que se cree que asistió el escritor durante su juventud, eran simpatizantes católicos, y Simon Hunt, probablemente uno de los profesores de Shakespeare, terminó haciéndose jesuita.

Aunque ninguna de estas teorías prueba de modo fehaciente que Shakespeare fuese católico, la historiadora Clare Asquith es de la opinión de que las simpatías de Shakespeare por el catolicismo son perceptibles en su escritura.[20] Según Asquith, Shakespeare utiliza términos positivos, como “alto” (“high”), “luminoso” (“light”) o “justo” (“fair”), para aludir a personajes católicos; y términos negativos -“bajo” (“low”), “oscuro” (“dark”)- para los protestantes.

Teorías que defienden la autenticidad de Shakespeare Jueves, Feb 5 2009 

Dentro de los argumentos que se hallan a favor del dramaturgo, encontramos, en primera instancia, el de su padre John, alcalde de Stratford y promotor de las empresas teatrales ambulantes. William pudo entonces sentirse atraído por la comedia, como así lo atestiguan pequeñas referencias que aluden a su temprana carrera como actor, y que terminarían constituyendo su capacidad de narrar y el sentimiento que le llevó a escribir, tras atender al llamado de la reina Isabel I, que se encontraba en busca de nuevos talentos nacionales que pudieran competir a la par de las personalidades más destacadas del arte literario español.

Shakespeare comenzó su carrera, siguiendo muy de cerca a Wyatt y Surrey, de quienes adoptó algunos elementos que le valieron para la elaboración de sus primeros sonetos. Spenser también pudo haber sido un modelo a seguir por el autor, y escritores como Nashe y Marlowe extendían y modificaban algunos de sus pasajes. Robert Greene fue uno de los críticos que atacó más duramente a la obra de Shakespeare, mientras que Richard Field se encargó de publicar su primer gran trabajo: Venus y Adonis.

Ben Jonson, un destacado escritor del período jacobeo, sería su máximo defensor, al tiempo que Condell y Heminges consagrarían su esfuerzo con su primera edición del First Folio.

Teorías que niegan la autoría de Shakespeare Jueves, Feb 5 2009 

Shakespeare habría muerto de fiebre, como consecuencia de su estado de embriaguez en febrero de ese mismo año, cuando celebró una reunión literaria con Ben Jonson y Drayton, dos editores de gran renombre.

Tras el incendio del Globe Theatre, muchos textos se perdieron, quedando en manos de distintos escritores, que se tomarían el trabajo de reescribirlos. Entre ellos figuraban los nombres de Fletcher y Donne, quienes se reunían con Shakespeare el primer viernes de cada mes. Obras como Enrique VIII, que ha sido atribuida al dramaturgo inglés, fueron redactadas en compañía de otros autores como el ya mencionado Fletcher.

Es bastante probable que Shakespeare fuera influenciado por allegados a su círculo intelectual, tal era el caso de Marlowe, Nash y Peele, señalados por los anti-Stratfordianos como posibles autores de las 36 epopeyas de la literatura universal que serían registradas en el First Folio, hacia 1623.

La mayor preocupación era la que concernía a la división de bienes por oportunas publicaciones. Algunos autores evitaban tener que pagar dividendos a otros colegas, por lo que se concentraban en editar sus obras bajo el nombre de un único hombre de letras. El decimoséptimo conde de Oxford, Edward de Vere (1550-1604 ) , ha sido apuntado como el más fiable de todos los escritores que podrían haber escrito gran parte de las obras de Shakespeare. Poeta lírico y dramaturgo, a Edward no le interesaba el dinero ni el reconocimiento ajeno, por lo que terminó sumido en la pobreza al ceder sus derechos a la compañía Chamberlain, oportunidad de la que Shakespeare pudo haber sacado algún provecho. Vere temía, además, que la reina Isabel I le cancelara la renta anual de 1.000 libras que recibía para su propio mantenimiento; hecho que terminaría por concretarse una vez que la monarca tomara represalia en respuesta de las malas administraciones del conde.

El afamado John Lyly y el poeta Anthony Munday, bien pudieron haber contribuido con buena parte de la tarea del gran dramaturgo.

“Sakspere”—como se deletreaba originalmente—sólo ha dejado su huella en una serie de documentos de índole mercantil y judicial; algo que los grafólogos atribuyen a un hombre de nivel académico insuficiente.

Muchas reseñas biográficas sobre la vida del escritor isabelino han pretendido desestimar a una decena de presuntos coautores, elevando a Shakespeare a la categoría de los grandes de la literatura universal, posición que ocupan unos pocos como Cervantes, Homero, Dante, Virgilio, Sófocles, entre otros.

Thomas Looney, historiador británico especialista en literatura isabelina, puso de relieve la presunta autenticidad del autor del First Folio. El filósofo y médico neurólogo austríaco Sigmund Freud lo secundó en 1938, expresándole sus más sinceras felicitaciones y mencionando a Edward de Vere, como el verdadero y silenciado artista, responsable de gran parte del volumen literario de William.

Al club de los “anti-Stratfordianos” se sumó el ilustrado francés Voltaire, como lo demuestra su dura manifestación: “Los ingleses lo compararan con Sófocles. Era fecundo y sublime, es cierto, pero sin el menor gusto y sin el menor conocimiento de las reglas.”

Historia de la época de Shakespeare (Renacimiento Inglés). Jueves, Feb 5 2009 

Isabel reina desde hace seis años cuando William Shakespeare nace en 1564. Cuando muere, en 1616, Jacobo I ocupa el trono desde hace trece años. Durante este período, Inglaterra, débil Estado con escasa población, bastante pobre, oscurecida y mal conocida en el exterior, pasa al rango de gran potencia, alcanza un grado sorprendente de prosperidad material y brilla en el dominio de las letras.

Hasta mediados del siglo XVI, el espíritu del Renacimiento no se propagó más allá de los círculos de la Corte y aún dentro de ella se manifestaba más bien bajo su forma erudita que bajo su aspecto creador. Los italianos, y también los franceses, seguían considerando a los ingleses como semibárbaros. En cuanto al idioma, nadie o casi nadie lo conocía en el exterior.

Con todo, este atraso no constituyó una pérdida sin remedio. Cuando terminó la guerra civil y la reforma religiosa se halló bien encaminada; cuando los peligros exteriores estuvieron conjurados, por lo menos transitoriamente, muchas circunstancias se habían aunado para que Inglaterra recuperara el tiempo perdido y lo hiciese a pasos agigantados.

Ardientes, atrevidos, los ingleses de la época son también brutales y sanguinarios. La ebriedad es frecuente en todas las clases sociales y genera querellas sangrientas; la violación es moneda corriente; las peleas terminan a menudo en un asesinato; los espectáculos de mayor éxito son las luchas a muerte entre animales y también las ejecuciones capitales.

Isabel, al asumir el reinado, es recibida con entusiasmo. Pone en práctica una política circunspecta, se rodea de buenos consejeros, trata con consideración al Parlamento, se dedica a restablecer las finanzas, concierta la paz con Francia.

Glorioso, el reinado de Isabel sería lo contrario de apacible. Intrigas, confabulaciones, revueltas, ejecuciones y asesinatos se sucederían en él sin interrupción y harán de este periodo un largo drama entrecortado por escenas de bravura y episodios cómicos.

Su agricultura y su industria se desarrollan, sus “mercaderes aventureros” acumulan enormes fortunas y no parece haber ya límites para el lujo desplegado por esos grandes señores. Por último, se produce allí un súbito y extraordinario florecimiento de autores dramáticos, de poetas, de músicos y de pensadores. En 1591 es cuando el más grande, el que los resume a todos, William Shakespeare, estrena Enrique VI, su primera pieza.

Sin duda el rasgo más dominante de la Inglaterra de la época de Shakespeare es la coexistencia de la brutalidad de las costumbres con el refinamiento de la cultura. No solamente muchos gentiles hombres saben igualmente bien componer un soneto o una elegía que manejar la espada o la daga, sino que además, una cantidad de comerciantes mediocres, de artesanos y hasta de campesinos, compran libros y los estudian. La traducción de la Biblia al lenguaje del vulgo ha dado a las masas el gusto por la lectura; los cantos y las baladas populares ponen la poesía al alcance de los humildes; la instrucción se propaga.

Capas sociales: La antigua aristocracia ha sido aniquilada en gran parte por la guerra de las Dos Rosas y los descendientes de lo que ha subsistido de ella han degenerado. La nueva, enriquecida gracias a la confiscación de los bienes de los monjes, no es muy altanera, ni muy cerrada.

Es indudable que unos sesenta grandes señores, dueños absolutos de sus posesiones, son pares del reino y gozan por consiguiente de una posición eminente, así como también de derechos particulares. Pero las otras personas de calidad no tienen nada muy sustancial que los distinga del común de los mortales ni exenciones fiscales, ni privilegios jurisdiccionales.

Por encima de la clase noble, pero apenas separada de ella por un margen movible, está la burguesía: gentes de trajes largos, mercaderes pudientes, terratenientes medianos. Los primeros, sean magistrados, abogados, médicos, profesores u hombres de la iglesia, constituyen una categoría activa, ambiciosa, y en general muy instruida.

La enorme mayoría de la nación se compone de la masa, de contornos mal definidos, de campesinos, artesanos, obreros y hombres de mar.

El estudio de las obras de Shakespeare, no puede descuidar el fondo histórico nacional, porque en una época en tantos aspectos cerrada y confinada, los problemas del individuo eran inseparables de los problemas del estado.

El teatro isabelino, del que Shakespeare formaba parte, resumía la supervivencia de un teatro popular y una experiencia social. La tradición popular medieval se fundió así con la experiencia colectiva y la conciencia histórica.. El drama popular iba a ser enriquecido por el humanismo renacentista. El humanismo añadiría temas, formas y estructuras novedosas.

El teatro isabelino, lograba una síntesis de valores populares y renacentistas.

La época de Shakespeare fue una época de marcada individualización, emanada de las reflexiones filosóficas sobre el hombre, nacida del estudio empírico de las pasiones y de la teoría de los caracteres, surgida de un estilo de vida caballeresco y cortesano. Cervantes y Shakespeare son los videntes de la individualización, deben sus logros a esta captación de la historia que vivieron.

Fueron tres las novedades que introdujo el drama humanístico en el teatro:

Transformó el teatro medieval, que era esencialmente la representación y pantomima, en obra de arte literaria.

Aisló, para realizar la ilusión, la escena, del público.

Concentró la acción tanto en el espacio como en el tiempo, sustituyendo, la desmesura épica de la Edad Media por la concentración dramática del Renacimiento.

En definitiva, el teatro de Shakespeare tiene algo de Renacimiento, y también de Barroco.

Shakespeare en la pantalla Jueves, Feb 5 2009 

Se han producido unas 250 películas basadas en textos de Shakespeare, lo cual demuestra la enorme influencia de la obra de este escritor. La obra más veces llevada a la pantalla es Hamlet, con 61 adaptaciones al cine y 21 series de televisión entre 1907 y 2000.

Entre las versiones cinematográficas de la biografía shakesperiana destaca Shakespeare enamorado (Shakespeare in Love, 1998 ) dirigida por John Madden.

Algunas películas basadas en obras de Shakespeare son las siguientes:

La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, 1929). Protagonizada por Douglas Fairbanks y Mary Pickford.
El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night’s Dream, 1935). Dirigida por Max Reinhardt y William Dieterle.
Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1936). Dirigida por George Cukor.
Como gustéis (As You Like It, 1936). Dirigida por Paul Czinner.
Enrique V (The Chronicle History of King Henry the Fifth with His Battle Fought at Agincourt in France, 1945). Dirigida por Laurence Olivier.
Macbeth (1948). Dirigida por Orson Welles.
Hamlet (1948). Dirigida por Laurence Olivier.
Otelo (The Tragedy of Othello: The Moor of Venice, 1952). Dirigida por Orson Welles.
Julio César (Julius Caesar, 1953). Dirigida por Joseph L. Mankiewicz.
Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1954). Dirigida por Renato Castellani.
Ricardo III (Richard III, 1955). Dirigida por Laurence Olivier.
Otelo (Otello, 1956). Dirigida por Sergei Jutkevitsh.
Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956). Película de ciencia ficción libremente basada en La Tempestad). Dirigida por Fred M. Wilcox.
Trono de sangre (Kumonosu jô, 1957). Libremente basada en Macbeth. Dirigida por Akira Kurosawa.
La Tempestad (The Tempest, 1960). Película para televisión protagonizada por Richard Burton. Dirigida por George Schaefer.
Amor sin barreras (West Side Story, 1961). Película musical basada sobre Romeo y Julieta. Dirigida por Jerome Robbins y Robert Wise.
Hamlet (Gamlet, 1963). Dirigida por Grigori Kózintsev.
Hamlet (1964). Protagonizada por Richard Burton. Dirigida por Bill Colleran y John Gielgud.
Campanadas a medianoche (1965). Basada en varias obras, especialmente Enrique IV. Dirigida por Orson Welles.
La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, 1967). Protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton. Dirigida por Franco Zeffirelli
Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1968). Dirigida por Franco Zeffirelli.
El rey Lear (Korol Lir, 1969). Dirigida por Grigori Kozintsev.
Rey Lear (King Lear, 1971). Dirigida por Peter Brook.
Macbeth (1971). Dirigida por Roman Polański.
La Tempestad (Tempest, 1982), dirigida por Paul Mazursky.
Rey Lear (King Lear, 1987), dirigida por Jean-Luc Godard.
Enrique V (Henry V, 1989). Dirigida por Kenneth Branagh.
Romeo y Julieta (Romeo-Juliet, 1990), con Francesca Annis, Vanessa Redgrave y Ben Kingsley. Dirigida por Armando Acosta.
Hamlet (1990), con Mel Gibson y Glenn Close. Dirigida por Franco Zeffirelli.
Los libros de Próspero (Prospero’s Books, 1991). Basada en La Tempestad). Dirigida por Peter Greenaway.
Mi Idaho privado (My Own Private Idaho, 1991). Protagonizada po River Phoenix y Keanu Reeves y dirigida por Gus Van Sant. Libremente basada en Enrique IV.
Como gustéis/Como gusten (As You Like It, 1992), dirigida por Christine Edzard.
Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 1993), dirigida por Kenneth Branagh.
El Rey León (The Lion King, 1994), dirigida por Rob Minkoff y Roger Allers. Película de animación realizada por los estudios Disney libremente basada en Hamlet.
Otelo (Othello, 1995), dirigida por Oliver Parker.
Richard III (Richard III, 1995), dirigida por Richard Loncraine.
Romeo y Julieta de William Shakespeare (Romeo + Juliet, 1996), con Leonardo Di Caprio y Claire Danes. Dirigida por Baz Luhrman.
Hamlet (1996), con Kenneth Branagh, Richard Attenborough, Judi Dench, Billy Crystal y Kate Winslet. Dirigida por Kenneth Branagh.
En busca de Ricardo III (Looking for Richard, 1996), dirigida por Al Pacino.
10 razones para odiarte (10 Things I Hate About You, 1999) (basada en La fierecilla domada), con Julia Stiles y Heath Ledger. Dirigida por Gil Junger.
El sueño de una noche de verano de William Shakespeare (A Midsummer Night’s Dream, 1999), con Calista Flockhart y Michelle Pfeiffer. Dirigida por Michael Hoffman.
Trabajos de amor perdidos (Love’s Labour’s Lost, 2000), dirigida por Kenneth Branagh.
Hamlet (2000), con Ethan Hawke, Julia Stiles, Kyle MacLachlan. Dirigida por Michael Almereyda.
El Mercader de Venecia (The Merchant of Venice, 2004), dirigida por Michael Radford.
Miguel y William dirigida por Inés París (2007). Will Kemp es el encargado de encarnar a William.

A continuación añado un video de una de las escenas de Macbeth:

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